Hace ya un año que nos fuimos de Barcelona y aunque estamos muy contentos del cambio, nos gusta volver de vez en cuando. Aprovechando que estamos de vacaciones bajamos unos días a visitar a mi madre y por el camino mi hijo E. (6) me preguntaba porque Barcelona era tan grande. Así, empezamos a recorrer un poco la historia de Barcelona y decidimos hacer una ruta por la Barcino romana.
Primero imprimimos un mapa (a E. le chiflan) y buscamos algo de información y luego nos fuimos de ruta. Le impactó mucho la necrópolis de la Plaça Vila de Madrid (¡en ella contamos 5 tipos de entierros diferentes!). También descubrimos los acueductos, los restos de muralla, las torres de defensa…
Y la visita dio para mucho más porque durante el recorrido hicimos muchos más descubrimientos… E. fue fotografiando todo lo que le llamaba la atención y, cómo no, las gárgolas fueron uno de sus focos de  atención.
Cerca de la plaça de Sant Felip Neri (dónde contemplamos todas sus cicatrices) encontramos una pequeña tienda de jabones artesanales que nos llamó mucho la atención. Estuvimos oliéndolos todos y finalmente H. (2) decidió que su favorito era el de coco y E. (6) escogió el de oliva. Quedamos en que intentaríamos hacer nuestros propios jabones en casa así que ya sabéis cual va a ser nuestra próxima aventura…

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