Llegar a nuestra nueva casa fue algo muy emocionante… llevábamos muchos meses esperando y ya lo teníamos todo planeado, planeadísimo… y aunque queríamos hacer las cosas despacito y con cuidado ¡fue un desparrame total! Montones de cajas que habían estado medio año almacenadas abiertas por todas partes y otro montón de cajas vacías que íbamos llenando con trastos inútiles que la casa acumulaba. Pero yo tenía algo muy claro, quería reaprovechar todo cuanto pudiera. Por eso, cuando mi compañero mi dijo que las estanterías que había junto a la chimenea no le gustaban nada, yo me lancé a por el bote de pintura con la promesa de que si el resultado no le agradaba, las sacaríamos…
 
Me puse tan rápido a pintar que ni siquiera he encontrado fotos cuando eran todas oscuras, sólo esta dónde está a medio pintar (y dónde se ven también las butacas que “transformé” más adelante). Después de una buena capa de pintura y unos pomos nuevos, la estantería se quedó en su sitio y no veáis lo bien que nos ha ido…
En ella tenemos un rinconcito de “natura” dónde los peques dejan lo que van encontrando por nuestro terreno, guardamos dvd’s, libros (la recién acabada tesis de mi compañero…) y los estantes tapados nos van genial para guardar todo aquello que no es “tan bonito”.
Y yo contentísima porque he superado nuestro afán por tirar y comprar y he creado un pequeño tesoro de algo viejo…

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