Hoy quiero aportar mi granito de arena para reivindicar la importancia de que nuestros hijos disfruten del juego libre, a diario. Se ha escrito mucho así que aquí van 4 pinceladas más y algunas ideas que espero que os inspiren y os ayuden a investigar nuevas opciones.

Cuando una trata de definir qué es el juego, se encuentra que su mente se llena de contradicciones. El juego libre es una actividad espontánea, donde uno hace uso de su imaginación. Es flexible y adaptativo pero aún así, está atado a normas y reglas, consensuadas o tácitas. Es informal o trivial pero serio y profundo al mismo tiempo.

Desde el punto de vista de la biología evolutiva, el juego es la forma en que los niños practican y desarrollan las habilidades necesarias para sobrevivir, prosperar y florecer en el entorno en que viven. Pero no se trata sólo de habilidades prácticas, los procesos biológicos subyacentes son cruciales. La rama de la neurociencia (estudio del sistema nervioso y de cómo sus diferentes elementos interactúan dando lugar a las bases biológicas de la conducta) sugiere que el juego moldea nuestro cerebro, teniendo un impacto directo en el desarrollo de respuestas flexibles mediante varios sistemas adaptativos que enlazan el cerebro, el cuerpo y el entorno físico y social. Para que estos sistemas se desarrollen, hace falta experimentar emociones primarias como la alegría, el miedo, el enfado o la tristeza. El juego nos provee un contexto seguro donde experimentarlas.

Mediante el juego libre, los niños toman control de sus propias vidas, superan sus miedos, adquieren habilidades sociales, solucionan problemas, practican y aprenden nuevas habilidades físicas y motoras, cognitivas y emocionales, desarrollan su resilencia, forman vínculos con compañeros y con entorno, desarrollan sistemas de respuesta a estrés… Lo que aprenden mediante el juego libre, siguiendo su propia iniciativa, no puede enseñarse mediante otras vías. Todos estos aspectos están interconectados, son interdependientes.

El juego libre es una necesidad biológica, un impulso básico. Los niños juegan de forma instintiva, no hace falta enseñarles. La curiosidad motiva a nuestros hijos a buscar respuestas, a aprender y entender. Su carácter juguetón innato les motiva a practicar las nuevas habilidades adquiridas y a aplicarlas de forma creativa. A nadie debería sorprenderle entonces que el juego se considere un derecho fundamental de los niños y esté así recogido en el artículo 31 de la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Niños.

Definiciones de juego libre encontraréis muchísimas pero me gustaría abrir un poco el foco y remarcar que la principal característica del juego nada tienen que ver con las acciones o comportamientos (el tipo de juguetes que ofrecemos, las estructuras o espacios disponibles, o las actividades específicas que se llevan a cabo) sino con la motivación y la actitud mental tras las actividades. El juego emociona. Dos personas pueden estar saltando a la comba y puede que una esté jugando y la otra no. Para averiguar si alguien está jugando nos fijaremos en su expresión, en pequeños detalles que nos indicarán la actitud que se esconde tras la acción. Cuando uno habla de jugar, generalmente no es un todo o nada. Es difícil encontrar adultos que nos metamos en el juego al 100%, es mucho más fácil verlo en niños. Aún así, incluso mientras trabajo, una parte de mi puede estar jugando, puede que sea un 20% o un 40%, se trata de una cuestión de actitud y aquellos que la habéis perdido, os animo a intentar recuperarla.

Remarcada la importancia de la actitud, de emocionarse, vamos a volver a las características del juego libre. Desde mi punto de vista, las que generan un máximo consenso son tres. El juego libre es:

  • Escogido libremente
  • Por motivación intrínseca
  • Dirigido por el niño (o grupo de niños)

Para mi, uno de los puntos más importantes del juego libre es que el niño elige cuando juega y cuando deja de jugar. Esto toma especial relevancia cuando tenemos varios niños jugando juntos. El juego social es la herramienta mediante la cual los niños desarrollan sus habilidades sociales y sus valores o principios morales. En este tipo de juego, el niño sabe que si un compañero no lo está pasando bien, dejará de jugar, y si muchos compañeros paran de jugar, el juego se acaba. Así, el niño aprende a entender las necesidades y los deseos de sus compañeros de juego, a negociar, a resolver sus diferencias, a cooperar y a hacer pequeñas renuncias. Los niños aprenden a tratarse con respeto, entendiendo y aceptando sus diferencias.

En el juego lo importante no es el resultado, es el proceso. El juego libre es el que se juega por el placer de jugar, por motivación propia (intrínseca). Cuando se juega por obtener algo, cuando hay una motivación extrínseca, ya no hablamos de juego libre y ya no se dan los mismos beneficios. Además, es dirigido por el propio niño (o grupo). Es el niño quien escoge las reglas (en solitario o en grupo) y quien las cambia cuando lo considera necesario.

El problema hoy en día es que los niños tienen muy pocas oportunidades para practicar el juego libre. Varios son los aspectos que nos están frenando así que hoy quiero enseñaros algunas propuestas que espero que os inspiren y os ayuden a romper con las barreras que impiden que vuestros hijos obtengan todos los beneficios de jugar libremente.

  • Falta de tiempo: las agendas de nuestros hijos están sobrecargadas pero os animo a hacer una revisión y, si realmente vuestros hijos no tienen tiempo para el juego libre A DIARIO, reconsideréis vuestras prioridades.
  • Sobreprotección: hace ya más de trece años que soy madre y, si miro hacia atrás, uno de los aspectos en que creo que más he cambiado ha sido en la gestión de riesgos. Con mi primer hijo, cuando empezó a moverse, a correr y a explorar me pasaba el día con el “cuidado”, “vigila esto”, “vigila lo otro”, hasta que entendí que con mis avisos, lo único que lograba era frustrar sus aprendizajes. Todos debemos tropezarnos con las piedras que nos encontramos en nuestro camino, a veces incluso en repetidas ocasiones hasta aprender lo necesario. De nada nos sirven las advertencias ni los “te lo dije”. Aprendemos mediante el error. Ahora bien, está claro que nos preocupa la seguridad de nuestros hijos y no queremos que corran riesgos innecesarios. Os hablo un poco más sobre la gestión de riesgos en el artículo que he escrito sobre el juego en las Escuelas Bosque pero quiero que te quedes con la idea de que nuestra función no es la de eliminar todos los peligros con los que nuestros hijos puedan tropezar sino que les ofrezcamos entornos suficientemente seguros para su madurez y les ayudemos a gestionar riesgos por ellos mismos. El riesgo es esencial para el correcto desarrollo y bienestar de nuestros hijos, es una parte integral del juego y debemos dejar a nuestros hijos explorar. ¿A caso no trepaste tu de pequeña a lo alto de un árbol? Debemos confiar más en las capacidades de nuestros hijos.
  • Inseguridad social: la sociedad que nos rodea ha cambiado mucho en los últimos años. Hoy en día muy pocos niños salen a la calle a jugar. Los medios nos bombardean con noticias que ponen los pelos de punta pero debemos tomar perspectiva y entender que desde el punto de vista estadístico, estos casos son muy, muy raros.
  • Falta de espacios: el tráfico, edificios y más edificios, parques que dejan mucho que desear… No lo tenemos fácil pero la buena noticia es que no se necesita mucho para que nuestros hijos puedan disfrutar del juego libre y está en nuestras manos organizarnos y recuperar espacios. Os dejo tres ideas que espero que os sirvan de inspiración.

PARQUES DE AVENTURA

Los parques de aventura o Adventure Playgrounds presentan muchas formas, desde parques infantiles naturales a patios-chatarrería, pero comparten unos mismos principios: la promoción del juego libre sin restricciones, la ausencia de estructuras diseñadas y/o creadas por adultos y la supervisión por parte de trabajadores especializados en el juego (playworkers).

El primero se creó en 1943 en Dinamarca y poco después, en el Reino Unido, Marjory Allen implantó la idea de transformar los espacios que habían sido bombardeados durante la guerra en parques de aventura. Lady Allen fue una gran defensora del papel del juego en el desarrollo de los niños y me quedo con su frase “más vale un hueso roto que un espíritu roto”.

En este tipo de espacios, los niños son los que construyen y moldean el entorno, tienen acceso a herramientas e incluso juegan con fuego. Donde el adulto sólo ve un espacio-vertedero, caos y fealdad, el niño ve posibilidades infinitas. Os dejo un pequeño documental sobre The Land, un adventure playground en Wales.

RECUPERAR LAS CALLES – PLAYING OUT

Otra iniciativa, esta vez para recuperar las calles. Consiste en organizarse para cerrar una calle al tráfico durante unas horas un día a la semana. De esta forma todas las familias que viven en los alrededores se encuentran en ese pedazo de calle. Los niños juegan libremente y los adultos establecen también vínculos. El primer paso para sentirse seguro en tu barrio es conocer a tus vecinos.

Esta propuesta me parece relativamente fácil de implementar. Los pasos a seguir son:

  • Habla con tus vecinos
  • Pide permiso al ayuntamiento
  • Hazlo público, que lo sepa todo el barrio. Busca ayudantes
  • Haz de la calle un espacio seguro y disfrútalo

ABRE TU CASA – PLAYBORHOOD

Si tienes un jardín o patio, atrévete a abrir las puertas al resto de niños del barrio. Deja que jueguen en el, estés o no estés en casa. Esto es lo que ha hecho Mike Lanza con su jardín, lo ha convertido en un espacio en el que los niños del barrio se reúnen para jugar sin restricciones. Ha acuñado el término Playborhood que une Play (juego) y Neighbourhood (barrio) e incluso a escrito un libro al respeto.

Te inspires o no en estas iniciativas, el primer paso es el cambiar tu mirada. La mejor forma para fomentar cualquier característica es tratar a la persona como si ya la poseyera. Si tratamos a los niños como personas competentes y responsables, acabarán por serlo. Mostrándoles que confiamos en sus capacidades les damos pie a explorar todo su potencial y el juego libre es su mejor herramienta de exploración.

Personalmente, me siento muy afortunada. Al llegar a Escocia empezamos a disfrutar de sesiones de Escuela Bosque y encontramos en la naturaleza el mejor espacio de juego. Con el tiempo, acabé formándome como guía de Bosque Escuela así que hoy comparto también otro artículo complementario sobre el papel del juego en las sesiones que guío. En el  profundizo sobre los beneficios, el papel del guía/adulto, los diferentes tipos de juego, como promoverlo, qué bibliografía he consultado, etc. Puedes leer el artículo aquí.

Si en vuestro pueblo o ciudad tenéis algún terreno o parcela vacío, ¿os animaríais a organizar vuestra versión de los adventure playgrounds? ¿qué es lo que os atrae más de la idea? ¿qué lo que os da más respeto? ¿Y cerrar la calle o abrir tu casa? ¿Cómo lo ves?

¿Te gustaría que tus hijos tuvieran más oportunidades para jugar libremente? Comparte la info 😉

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