¿Cuantas veces nos ofuscamos con la meta y no disfrutamos del proceso? Nuestra excursión a Cramond Island me trajo esta reflexión… La Isla de Cramond se encuentra a poco más de kilómetro y medio de la costa (muy cerca de Edimburgo) y sólo se puede acceder a ella cuando la marea te lo permite (por la mañana).

El recorrido hasta la isla se hace siguiendo unos pilones (antigua defensa anti-submarinos de la Segunda Guerra Mundial). Hay un largo espigón a la izquierda de los pilones por dónde la gente camina hacia la isla pero nosotros os recomendamos ir por la derecha, por la arena que la marea baja deja al descubierto. Con las botas de agua calzadas, los charcos se convierten en pequeños tesoros llenos de conchas, palos y piedras.

 

Que decir, nosotros llegamos a la Isla pero, lo que de verdad fue mágico, fue el camino para llegar hasta ella. No paramos de ir adelante, atrás, a los lados… buscando tesoros.

 

 

En realidad, al llegar a la Isla estábamos ya cansados y hambrientos y prácticamente no la investigamos con lo que al final, nos saltamos el destino y regresamos a casa contentísimos con esta excursión (al lado de casa) que seguro que vamos a repetir.

 

 

 

 

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